jueves, 1 de agosto de 2019

Llegó a su casa con el nudo apretándole la garganta a mas no poder.

Se tiró en su cama, en la oscuridad, con todo cerrado.
Se olvidó de todo y de todos.
Se dedicó solo a dejar salir sus sentimientos. Esos que tanto la estaban matando.

Le dolía el pecho, el alma, le dolía la vida.

Tenía mil mambos y preguntas en su cabeza, pero solo una resonaba mas: "¿Por qué?"
Ninguna respuesta apareció.
Sólo lagrimas, que pedían a gritos ser soltadas.

Y es que, a veces, de tanto aguantar un sentimiento, este nos ahoga, nos mata poco a poco.
A veces, necesitamos ese desahogo a solas.
A veces, necesitamos preguntarle a la vida "¿Por qué?".
A veces, necesitamos dedicarnos tiempo a nosotros, dejar de ser amigo del otro, para ser el tuyo, para escucharte a ti mismo.

Y no, no es egoísmo, es amor propio. 

Porque para volver a brillar, a veces, necesitas apagarte un poco. 

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