Se tiró en su cama, en la oscuridad, con todo cerrado.Se olvidó de todo y de todos.
Se dedicó solo a dejar salir sus sentimientos. Esos que tanto la estaban matando.
Le dolía el pecho, el alma, le dolía la vida.
Tenía mil mambos y preguntas en su cabeza, pero solo una resonaba mas: "¿Por qué?"
Ninguna respuesta apareció.
Sólo lagrimas, que pedían a gritos ser soltadas.
Y es que, a veces, de tanto aguantar un sentimiento, este nos ahoga, nos mata poco a poco.
A veces, necesitamos ese desahogo a solas.
A veces, necesitamos preguntarle a la vida "¿Por qué?".
A veces, necesitamos dedicarnos tiempo a nosotros, dejar de ser amigo del otro, para ser el tuyo, para escucharte a ti mismo.
Y no, no es egoísmo, es amor propio.
Porque para volver a brillar, a veces, necesitas apagarte un poco.