lunes, 17 de julio de 2017

No te enamores de una mujer que ama los perros

Absolutamente nunca te fijes en una mujer que ame a los perros, mucho menos pretendas enamorarte de ella ¡resistete! ¿crees que exagero?

Las mujeres que aman a sus perros, definitivamente están locas, creen en el amor verdadero, y definitivamente no renunciarán a eso. Perfectamente sabe que su jornada puede ser la peor, pero al llegar a casa todo quedará olvidado, pues la espera un amor incondicional, un amor único, que lo que hará sera recibirla efusivamente con besos y ladridos.

Ella disfruta y sabe que la felicidad se puede encontrar en cualquier tipo de día, en uno soleado al aire libre, o bajo la lluvia, da igual, solamente se encarga de ser feliz. Perfectamente sabe que su fiel amigo la ama tanto como ella a él, se siente protegida ferozmente y resguardada siempre.

Sin duda alguna amigo, no debes enamorarte de una mujer que ama a su peludo con locura, a ella jamás podrás engañarla, ella comprende cuando las cosas no están bien, incluso antes de decirlas, y todo gracias a su sexto sentido y en especial, se debe a esa sensibilidad extrema que desarrolla.

La mujer que ama a su perro, sin duda alguna puede ser dulce como un cachorro y feroz como un lobo. Ha descubierto sentimientos puros y verdaderos en sus cachorros, que también desea encontrar en un hombre.

Una mujer así, definitivamente esta loca. Tan loca que es capaz sin titubear de poner en riesgo su integridad por defender aquello que ama, y más si se trata de su amigo perruno. Esta mujer ríe de la nada y conversa en la comunión de las miradas a la hora de la siesta.

Definitivamente no debes enamorarte de una mujer así; ella conoce todo sobre la reciprocidad, la fidelidad, la nobleza, la entrega y la forma de hacer demostraciones sin restricciones, sin límites. Además, deberías imponerte pues es una chica a veces ridícula y un poco desaforada.

Olvídate de que ella se fije de los pelos en su ropa, los lleva como trofeo de la gran conexión y amor que tiene hacia su perro. Lo ama tanto que el día en el que lamentablemente se vaya, pasará por un doloroso duelo, por el cual deberás acompañarla y respetarlo. Una de sus prioridades siempre será su hijo peludo y deberás "competir" con él en unos cuantos aspectos, lamentablemente, en la mayoría terminarás perdiendo. Deberás soportar que su teléfono este invadido de fotos con él y contigo muy pocas. Por eso no te enamores de una mujer que ama a su perro.

Su peculiar forma de ser y su intensidad para amar, harán que si te enamoras de ella te sea imposible olvidarla, alejarte, inclusive aunque decidan terminar. Ella es de las que da todo cuando ama, y su instinto maternal y de protección simplemente te atrapará.

No te enamores de una mujer así, loca, única, entregada. Su locura se transmite con facilidad, y si no eres inmune, lo mas posible es que termines contagiándote. Así que, no te enamores de una mujer que ama los perros.



Autor: María Rosa Infante

jueves, 6 de julio de 2017

Ese maldito hilo

¿Conoces la leyenda del hilo rojo? Pues dice así...

"Un hilo rojo invisible conecta a aquellos que están destinados a encontrarse, sin importar tiempo, lugar o circunstancias.
El hilo rojo se puede estirar, contraer o enredar, pero nunca romper."


Y ¿sabes? Ese hilo es el que me une a ti, el que nos une.

Lo he visto tensarse, estirarse, enredarse, hasta te podría decir que hemos hecho que se rocen los dos moños, esos que están atados a nuestros meñiques. Y es por estas razones, que le he encontrado mas de mil nudos, los desate siempre, intentando no dañar el hilo.

Hasta que un día dije ¡basta!
Basta de cuidar algo que a la larga me hace mal, algo que me conecta a una persona que no puedo tener a mi lado.

Merecía y necesitaba poder ser y hacer feliz a quien si lo estaba.

Y es por esto que un día busqué las tijeras y lo corté.
Corté ese único elemento que me conectaba a ti. Lo corté y con eso te eliminé de mi vida.

Todo marchaba bien. ¿Qué digo? Marchaba excelente.

Pero como es de ingrata la vida...
Que un día te volví a cruzar, y con ese cruce sucedió, mi corazón latió muy fuerte y rápido. Y fue ahí que me di cuenta que nuestro hilo ya tenía tres moños.
Los dos que sujetaban nuestros meñiques, y el que reparaba el corte.

Y con eso entendí que, no importaba las veces que yo lo cortara, el volvería a unirse, volvería a conectarnos.